Llegó, y se sentó en una roca.
A los pocos minutos sintió una presencia a su lado, de pie. Miró, y era él. Tenía una sonrisa dibujada en sus labios, limpia de rencores, de dolores, y sin rastro alguno de los zarpazos que un día la vida le dio.
Ella le devolvió la sonrisa, también limpia del dolor que él le causó.
Con un gesto, le indicó que se sentara a su lado.
"¡Hola!"
"Hola"
Luego...silencio. Se quedaron largo rato contemplando ese mar que un día compartieron sus miradas enamoradas, sus corazones en aquel momento sanos. Al cabo de unos minutos...
Ella: Te he estado buscando mucho tiempo.
El: Lo se, pero buscaste en el lugar equivocado.
Ella: Eso parece. Te buscaba en él, pero no era allí donde estabas, te buscaba en fotos, en contactos relacionados con él, incluso después de mucho tiempo, te seguía buscando en alguien que ni si quiera tiene el mismo aspecto que cuando tú estabas con él. No sabía que existía este lugar, no sabía que estabas aquí, te busqué allí donde te perdí, fue frustrante, tuve que dejar de buscarte por culpa de aquellas heridas, de aquellas sinrazones.
El: También lo se, no vuelvas allí, no estoy allí, no tuve la culpa, él mismo me echó, y quise quedarme aquí, donde un día también nos sentamos juntos, pero tú nunca viniste, a pesar de haberte llamado, me colaba en tus sueños, ¿Cómo no te diste cuenta? ¿Cómo no acudiste a mis llamadas? sabías que teníamos una conversación pendiente.
Ella: No sabía que estabas esperándome aquí. Creí que habías muerto...Creía que era mi subconsciente el que te invitaba a mis sueños sin permiso. Nunca has estado ausente, siempre venías, como tú bien has dicho, en forma de sueño, de pensamiento, de recuerdo... incluso cuando te desvanecías, siempre encontrabas la forma de colarte...
El: ¿Qué hay ahora?
Ella: ¿Ahora? Ahora ya no hay nada, los recuerdos cada vez son más difusos, más lejanos, más borrosos, más espaciados en el tiempo...No es tu culpa, tú solo has sido una víctima más.
El: Lamento que me borres de tu memoria por culpa de él.
Ella: Lo se, pero no puedes estar conmigo por siempre, no puedo creer en algo que ya no existe, él decidió echarte, pero yo se que exististe, intentaste imponerte, pero él era demasiado fuerte, sé que lo intentaste con fuerza, las pocas que te quedaban, porque él cada vez se hacía más grande, no fue culpa tuya, tranquilo.
El: Sí, es cierto, lo intenté, y a veces lo logré, no quiero que borres esos recuerdos, esas pocas veces que logré conquistarle, y en consecuencia, hacerte feliz a ti.
Ella: No te preocupes por eso, sé que exististe, sé que fuiste tú el creador de todos aquellos momentos, y hay cosas que no tengo porqué olvidar. Recuerdo cuando me ayudaste a tomar aquella decisión que ahora se ha convertido en uno de mis mayores y mejores recuerdos, aquello, en gran parte, te lo debo a ti. Eso no se me puede olvidar, ni quiero.
El: Eso me deja más tranquilo. Existí, fui real, solo que no conseguí sobrevivirle a él...
Ella: Era demasiado destructivo para ti.
Después de otro momento de silencio...
El: ¿Cómo estás ahora?
Ella: ¡Bien! Aprendí mucho de todo aquello, y me hice un poquito más fuerte, más consecuente, aquello me hizo tener más claras las cosas, y me hizo un poquito más valiente.
El: ¿Debo alegrarme entonces?
Ella: Ya todo pasó, si estás contento porque sucediera, entonces sí, debes alegrarte.
El: ¿Le guardas rencor? ¿Te queda algún resquicio de dolor?
Ella: No, ya no. Me costó mucho superarlo, pero ya no hay nada, ni rencor, ni odio, nada.
El: ¿y con respecto a mi?
Ella: ¿Tú? Sinceramente...yo ya no se si tú exististe, o eres solo un sueño que yo tuve...pero hay gente que no consigues olvidar jamás, no importa el tiempo que eso dure...Tranquilo, ahora sé que sigues aquí, en un buen lugar, a salvo de aquel que te expulsó del lugar que te pertenecía, a salvo de aquellos recuerdos que le destrozaron. No podías vivir mucho más con él, realmente, no era ese el lugar que te correspondía, tu lugar está aquí, el lugar donde los corazones buenos se refugian cuando intentan destruirlos, cuando los expulsan de un cuerpo casi maldito, ahora sé que estás a salvo. Ahora puedo volver tranquila sabiendo que estás aquí, este sí es tu sitio.
Ella se levantó, no sin antes acariciar su rostro por última vez, y clavar sus ojos oscuros en aquel otro mar verde donde a ella, hace ya mucho tiempo, le gustaba perderse...
El: ¿Ya te vas?
Ella: Sí, tengo que volver. Me esperan, yo conseguí sobrevivir, yo decidí quedarme con ella, jamás la abandoné, por muy destruida que estuviera, tengo que volver con ella, es mi deber, y es lo que quiero, porque la quiero.
El: Aquí estaré, puedes venir a verme siempre que quieras.
Ella: Prometo recordarte a ti, a todo lo bueno, pero debemos seguir adelante. Solo vine porque se lo debía, pero dudo que vaya a regresar. Solo cuando me corresponda, que será cuando deje de latir, y espero que ese momento esté muy muy lejos. Sé que ella no me abandonará. Debo irme, me está esperando.
El: Dile que lo lamento, que yo quería quedarme, que lo intenté con todas mis fuerzas, lo prometo.
Ella: No es necesario que lo prometas, ella lo sabe. Es consciente de todo. No te preocupes, yo te prometo intentar mantener vivo tu recuerdo, aunque sea a ratitos, ahora debo irme. Gracias por recibirme, él allí nunca quiso
El: Sé feliz, es lo que quiero, y lo que él hubiese querido si no me hubiese echado...Sé feliz, y cuídate como hasta ahora lo has hecho.
Ella se levantó, le dedicó una última sonrisa, y se marchó sin mirar hacia atrás...nunca más.
jueves, 6 de noviembre de 2014
jueves, 29 de mayo de 2014
Para ti. Por ti.
Hoy voy a escribir para ti.
Por ti.
Por la impotencia que siento de no poder hacerte entender, de tener que esperar a que pasen los años y los daños para que sean ellos los que te enseñen, y no quiero, porque me duele lo que te duele.
Es injusto que la vida sea así, que tengas que caerte para volver a levantarte. De ahí mi impotencia. No quiero, y sin embargo, no lo puedo evitar. Qué frustrante resulta...
A veces quisiera que de pronto tuvieras 30 años, para que entendieras ciertas cosas que a tu edad no puedes entender, y que una vez que lo hubieras aprendido, sin dolor, volvieras a tus casi 15, y enmendar tus errores sin necesidad de caerte.
A veces quisiera hacerte entender que una verdadera amistad se forja con el tiempo, en meses e incluso años, no en tres semanas, y que, incluso siendo duradera, en cualquier momento, alguno de los dos puede fallar.
Quisiera hacerte entender que una verdadera amistad entre un hombre y una mujer es casi siempre, imposible.
Quisiera hacerte entender que "los mayores" no pensamos que tu única preocupación sea estudiar.
Quisiera hacerte entender que sabemos que es una edad difícil, en la que tú y tus emociones sois como un mar, a veces en calma, a veces tormentoso, y que, como la marea, a veces subes, a veces bajas. Lo que no sabes, es que yo y los que te rodeamos ahora somos un poco marineros, porque también estuvimos en ese mar, y lo conocemos.
Quisiera hacerte entender que el típico tópico de "yo también tuve 15 años" no es una frase hecha, puede que los tiempos hayan cambiado, pero las emociones y los deseos de esa edad, no.
Quisiera hacerte entender que no es bonito crecer demasiado deprisa, que tienes toda la vida por delante para, por ejemplo, subirte a unos tacones.
Quisiera hacerte entender que si publicas cada emoción en una red social, le das poder a tus enemigos, la información es poder, y le das poder para usarlo todo en tu contra, y hacerte daño. Que si publicas cada emoción en una red social, la gente que de verdad te quiere, te preguntará, porque se preocuparán por ti. Que las consecuencias de publicar a cada momento lo que haces en una red social, son que las personas te pregunten, y que algunas, saquen conclusiones que no son. Si voy a un bar lleno de gente que conozco, y grito "sonrío gracias a él, cuánto le quiero", probablemente todos pensarán que estoy enamorada, aunque no sea cierto, y muchos preguntarán, algunos, los menos, por verdadero interés, otros, por mero entrometimiento. Si alguien te importa, solo ese alguien debe saberlo, no tus 300 y picos seguidores. A este respecto, solo espero que te des cuenta pronto, y que no seas tan torpe como yo, que me di cuenta quizás demasiado tarde.
Quisiera hacerte entender que SÉ que a veces tus emociones son como el torrente de agua que una presa reprime, un torrente de agua conteniendo toda su fuerza y energía, y que cuando se abren las compuertas, sale desbordado. Si necesitas sacarlos, mi consejo es que lo hagas con alguien de tu confianza, que sepas que no te va a traicionar. Que tu compuerta no sea una pantalla de ordenador, o de móvil, que sea una persona a la que quieres, y que te quiera de verdad.
Me alegro de no desear que entiendas que para labrarse un futuro, es necesario empezar ahora. Por suerte eso ya lo entiendes, y lo haces.
Quisiera hacerte entender que si escribo todo esto, es porque me importas, y porque te quiero con locura, porque veo tus errores, y nada puedo hacer, porque no quiero que nada te duela, ni quiero que te hagan más daño, créeme, es frustrante no poder hacer nada.
Podría haberlo hecho en una red social a la que tuvieras fácil acceso sin tener que enviarte este enlace, pero entonces lo hubieran visto personas que no tienen porqué verlo. Y hubiesen hecho preguntas, y hubiesen hecho conjeturas, y tendrían demasiada información que no les importa.
Sólo escribo esto para ti y para mi. Sobre todo para ti.
Quizás no hayas entendido una mierda de todo esto, algún día lo harás, y es ese "algún día", lo que me mata.
Te quiero. Te quiero más de lo que te imaginas.
Por ti.
Por la impotencia que siento de no poder hacerte entender, de tener que esperar a que pasen los años y los daños para que sean ellos los que te enseñen, y no quiero, porque me duele lo que te duele.
Es injusto que la vida sea así, que tengas que caerte para volver a levantarte. De ahí mi impotencia. No quiero, y sin embargo, no lo puedo evitar. Qué frustrante resulta...
A veces quisiera que de pronto tuvieras 30 años, para que entendieras ciertas cosas que a tu edad no puedes entender, y que una vez que lo hubieras aprendido, sin dolor, volvieras a tus casi 15, y enmendar tus errores sin necesidad de caerte.
A veces quisiera hacerte entender que una verdadera amistad se forja con el tiempo, en meses e incluso años, no en tres semanas, y que, incluso siendo duradera, en cualquier momento, alguno de los dos puede fallar.
Quisiera hacerte entender que una verdadera amistad entre un hombre y una mujer es casi siempre, imposible.
Quisiera hacerte entender que "los mayores" no pensamos que tu única preocupación sea estudiar.
Quisiera hacerte entender que sabemos que es una edad difícil, en la que tú y tus emociones sois como un mar, a veces en calma, a veces tormentoso, y que, como la marea, a veces subes, a veces bajas. Lo que no sabes, es que yo y los que te rodeamos ahora somos un poco marineros, porque también estuvimos en ese mar, y lo conocemos.
Quisiera hacerte entender que el típico tópico de "yo también tuve 15 años" no es una frase hecha, puede que los tiempos hayan cambiado, pero las emociones y los deseos de esa edad, no.
Quisiera hacerte entender que no es bonito crecer demasiado deprisa, que tienes toda la vida por delante para, por ejemplo, subirte a unos tacones.
Quisiera hacerte entender que si publicas cada emoción en una red social, le das poder a tus enemigos, la información es poder, y le das poder para usarlo todo en tu contra, y hacerte daño. Que si publicas cada emoción en una red social, la gente que de verdad te quiere, te preguntará, porque se preocuparán por ti. Que las consecuencias de publicar a cada momento lo que haces en una red social, son que las personas te pregunten, y que algunas, saquen conclusiones que no son. Si voy a un bar lleno de gente que conozco, y grito "sonrío gracias a él, cuánto le quiero", probablemente todos pensarán que estoy enamorada, aunque no sea cierto, y muchos preguntarán, algunos, los menos, por verdadero interés, otros, por mero entrometimiento. Si alguien te importa, solo ese alguien debe saberlo, no tus 300 y picos seguidores. A este respecto, solo espero que te des cuenta pronto, y que no seas tan torpe como yo, que me di cuenta quizás demasiado tarde.
Quisiera hacerte entender que SÉ que a veces tus emociones son como el torrente de agua que una presa reprime, un torrente de agua conteniendo toda su fuerza y energía, y que cuando se abren las compuertas, sale desbordado. Si necesitas sacarlos, mi consejo es que lo hagas con alguien de tu confianza, que sepas que no te va a traicionar. Que tu compuerta no sea una pantalla de ordenador, o de móvil, que sea una persona a la que quieres, y que te quiera de verdad.
Me alegro de no desear que entiendas que para labrarse un futuro, es necesario empezar ahora. Por suerte eso ya lo entiendes, y lo haces.
Quisiera hacerte entender que si escribo todo esto, es porque me importas, y porque te quiero con locura, porque veo tus errores, y nada puedo hacer, porque no quiero que nada te duela, ni quiero que te hagan más daño, créeme, es frustrante no poder hacer nada.
Podría haberlo hecho en una red social a la que tuvieras fácil acceso sin tener que enviarte este enlace, pero entonces lo hubieran visto personas que no tienen porqué verlo. Y hubiesen hecho preguntas, y hubiesen hecho conjeturas, y tendrían demasiada información que no les importa.
Sólo escribo esto para ti y para mi. Sobre todo para ti.
Quizás no hayas entendido una mierda de todo esto, algún día lo harás, y es ese "algún día", lo que me mata.
Te quiero. Te quiero más de lo que te imaginas.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Llegó a casa. Cogió el último cigarrillo que le quedaba, y comenzó a escribir...
Acababa de estar con Gabriel, tomando una copa que le había hecho llegar a casa algo menos sobria de lo normal, y sumirse una vez más en sus propios pensamientos, aunque no necesitaba alcohol para reflexionar, casi lo hacía continuamente, aunque no siempre dejaba constancia escrita de dichas reflexiones.
Llegó a casa con el sabor de boca que aquel gin-tonic le había dejado, y con el fastidio de no poder disfrutar de su presencia, de sus charlas, de sus risas, de la manera que ambos merecían. Siempre que estaba con Gabriel en un lugar público temía si Alfonso se enteraría, si alguien en común los vería.
Y es que Gabriel no era tan solo su ex, era su confesor, su apoyo incondicional, mucho más que un amigo, y él lo sabía. Por alguna extraña razón, ella temía que Gabriel la olvidara, que alguna otra borrara su recuerdo, porque ella, a pesar de no haber existido ese amor necesario para que una relación incipiente continúe, guardaba grandes y muy buenos recuerdos de él.
Había pasado algún que otro hombre más, no muchos a decir verdad, desde que Gabriel y Marta lo dejaron, pero la diferencia entre el pasado de ella y Gabriel, es que, cuando Marta miraba hacia atrás en la playa por la que paseaban sus recuerdos, la huella de Gabriel le hacía sonreír. No era así con los demás.
No estuvieron enamorados. Quizá por eso eran tan buenos amigos, quizá por eso, y porque él siempre había estado ahí, porque él jamás le falló, podían ahora tener esa relación especial que tenían. Así lo sentía ella, y así quería que lo sintiese él, aunque Marta no sabía a ciencia cierta qué era lo que él pensaba...
Como decía el Gran Maestro en una de sus sabias canciones, lo que daba letra a sus sentimientos era ese: "Que nos desclaven si es que pueden, que nos separen, que lo intenten..." Pero temía que no fuese igual para Gabriel. Se sentía unida a él de una manera extraña que no podía explicar ni si quiera en su diario privado.
También sabía que Gabriel leería aquello, puesto que siempre sabía leer en su corazón, bien porque ella desde el principio se desnudó, y a esas alturas, también porque él la conocía demasiado. Pero era la única persona que leería en lo profundo de su corazón, y a ella no le importaba que así fuera.
Sabía que algún día sus caminos se separarían, pero también sabía que cada vez que algún cliente de la misma ciudad de Gabriel se sentara en el bar donde ella trabajaba, acabaría diciendo lo mismo con una sonrisa que llenaba sus labios: "¡yo tuve un novio maño!
Cerró su diario, se puso el pijama, y con la extraña mezcla de sensaciones, se durmió.
Acababa de estar con Gabriel, tomando una copa que le había hecho llegar a casa algo menos sobria de lo normal, y sumirse una vez más en sus propios pensamientos, aunque no necesitaba alcohol para reflexionar, casi lo hacía continuamente, aunque no siempre dejaba constancia escrita de dichas reflexiones.
Llegó a casa con el sabor de boca que aquel gin-tonic le había dejado, y con el fastidio de no poder disfrutar de su presencia, de sus charlas, de sus risas, de la manera que ambos merecían. Siempre que estaba con Gabriel en un lugar público temía si Alfonso se enteraría, si alguien en común los vería.
Y es que Gabriel no era tan solo su ex, era su confesor, su apoyo incondicional, mucho más que un amigo, y él lo sabía. Por alguna extraña razón, ella temía que Gabriel la olvidara, que alguna otra borrara su recuerdo, porque ella, a pesar de no haber existido ese amor necesario para que una relación incipiente continúe, guardaba grandes y muy buenos recuerdos de él.
Había pasado algún que otro hombre más, no muchos a decir verdad, desde que Gabriel y Marta lo dejaron, pero la diferencia entre el pasado de ella y Gabriel, es que, cuando Marta miraba hacia atrás en la playa por la que paseaban sus recuerdos, la huella de Gabriel le hacía sonreír. No era así con los demás.
No estuvieron enamorados. Quizá por eso eran tan buenos amigos, quizá por eso, y porque él siempre había estado ahí, porque él jamás le falló, podían ahora tener esa relación especial que tenían. Así lo sentía ella, y así quería que lo sintiese él, aunque Marta no sabía a ciencia cierta qué era lo que él pensaba...
Como decía el Gran Maestro en una de sus sabias canciones, lo que daba letra a sus sentimientos era ese: "Que nos desclaven si es que pueden, que nos separen, que lo intenten..." Pero temía que no fuese igual para Gabriel. Se sentía unida a él de una manera extraña que no podía explicar ni si quiera en su diario privado.
También sabía que Gabriel leería aquello, puesto que siempre sabía leer en su corazón, bien porque ella desde el principio se desnudó, y a esas alturas, también porque él la conocía demasiado. Pero era la única persona que leería en lo profundo de su corazón, y a ella no le importaba que así fuera.
Sabía que algún día sus caminos se separarían, pero también sabía que cada vez que algún cliente de la misma ciudad de Gabriel se sentara en el bar donde ella trabajaba, acabaría diciendo lo mismo con una sonrisa que llenaba sus labios: "¡yo tuve un novio maño!
Cerró su diario, se puso el pijama, y con la extraña mezcla de sensaciones, se durmió.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Pasarán más de mil años...
...pasarán...y yo seguiré sorprendiéndome de como es el ser "humano". Tengo mil motivos para ello, pero hoy, uno en concreto. Tú.
Tú, que hacías como que te preocupabas de mi solo para conseguir lo que yo había tenido en algún momento.
Tú, que viniste buscando mi apoyo, mi comprensión, mi consuelo.
Yo, que confíe en ti, que creía en ti, que hice cosas por verte sonreír, que no pasaba un día sin que intentara verte mejor, que realmente creía en tu amistad. La culpa fue mía, por abrirme tanto, como ya otras tantas veces he hecho, y parece que nunca aprendo.
Tú, un motivo más para desconfiar de las personas, tú, una víbora, una serpiente que se arrastra silenciosa, fingiendo.
Me engañaste, sí, confíe en ti y me traicionaste. Pero en el fondo, me alegro. Me alegro de que no estés en mi vida, me alegro de que nuestra amistad durara poco. Me alegro de que termine un año sin ti, y empiece el nuevo sin ti. Me alegro sincera y profundamente de que no estés en mi vida. Y sí, deseo que no te vaya bien, que vuelvas a fracasar, mentirosa. A saber con qué malas artes habrás conseguido lo que querías, a ti, que te han tachado de loca. A saber qué cosas le habrás contado.
No entiendo como las personas pueden ser así, cómo no pueden ir por derecho, con la verdad por delante. No entiendo como con las mentiras se consigue lo que uno quiere. Dicen que la mentira tiene las patas muy cortas, y veo día tras día como las malas personas acaban consiguiendo lo que quieren. No soy perfecta, me he equivocado mil veces, y tantas como me he equivocado, he tratado de aprender de mis errores, reconocer mi fallo, y si he hecho daño, pedir perdón.
Dicen los creyentes que el de arriba no se queda con na de nadie. Dicen los ateos que el karma todo lo devuelve. Todavía estoy esperando ver como personas que me han hecho daño, que me han perjudicado, que me han hecho sufrir, que me han engañado, que me han traicionado, personas que me han hecho mal...todavía estoy esperando que el karma les devuelva lo mismito que han dado.
No existe justicia en este mundo, ni divina, ni terrenal, no existe. Existen las personas buenas o malas, mejores o peores. Y existe el reguero de felicidad y bien, o de destrucción y sufrimiento que dejan unas y otras. Dejan aprendizajes, a veces, a un precio muy caro. Y dejan huellas, marcas, que jamás se llegan a borrar. Os odio, os odio a todos profundamente, a todas esas personas que hacéis las cosas mal siendo conscientes de vuestro propio egoísmo y de la destrucción, traición y maldad que dejáis. Odio con toda mi rabia a vosotros, que no sois capaces de reconocer vuestros errores, que erráis sabiendo que estáis perjudicando a alguien con vuestro puto egoísmo. Sabéis perfectamente que estoy pensando en vosotros mientras escribo estas líneas. No. No pienso seguir justificando vuestro comportamiento por las dificultades que hayáis tenido en vuestra miserable vida. Conozco personas que lo han pasado peor, y tienen un corazón de oro. Más grande que todo vuestro egoísmo y pobreza juntos. Porque sois pobres, pobres de espíritu, y pobres de almas. Os creéis buenos, y ese es vuestro error. Os deseo, desde el fondo de mi corazón, que fracaséis en todo lo que emprendáis. Que sufráis lo mismo que vosotros habéis hecho sufrir. Que os traicionen y engañen lo mismo que vosotros habéis engañado y traicionado. Mis peores deseos para el 2014, escoria del mundo.
Tú, que hacías como que te preocupabas de mi solo para conseguir lo que yo había tenido en algún momento.
Tú, que viniste buscando mi apoyo, mi comprensión, mi consuelo.
Yo, que confíe en ti, que creía en ti, que hice cosas por verte sonreír, que no pasaba un día sin que intentara verte mejor, que realmente creía en tu amistad. La culpa fue mía, por abrirme tanto, como ya otras tantas veces he hecho, y parece que nunca aprendo.
Tú, un motivo más para desconfiar de las personas, tú, una víbora, una serpiente que se arrastra silenciosa, fingiendo.
Me engañaste, sí, confíe en ti y me traicionaste. Pero en el fondo, me alegro. Me alegro de que no estés en mi vida, me alegro de que nuestra amistad durara poco. Me alegro de que termine un año sin ti, y empiece el nuevo sin ti. Me alegro sincera y profundamente de que no estés en mi vida. Y sí, deseo que no te vaya bien, que vuelvas a fracasar, mentirosa. A saber con qué malas artes habrás conseguido lo que querías, a ti, que te han tachado de loca. A saber qué cosas le habrás contado.
No entiendo como las personas pueden ser así, cómo no pueden ir por derecho, con la verdad por delante. No entiendo como con las mentiras se consigue lo que uno quiere. Dicen que la mentira tiene las patas muy cortas, y veo día tras día como las malas personas acaban consiguiendo lo que quieren. No soy perfecta, me he equivocado mil veces, y tantas como me he equivocado, he tratado de aprender de mis errores, reconocer mi fallo, y si he hecho daño, pedir perdón.
Dicen los creyentes que el de arriba no se queda con na de nadie. Dicen los ateos que el karma todo lo devuelve. Todavía estoy esperando ver como personas que me han hecho daño, que me han perjudicado, que me han hecho sufrir, que me han engañado, que me han traicionado, personas que me han hecho mal...todavía estoy esperando que el karma les devuelva lo mismito que han dado.
No existe justicia en este mundo, ni divina, ni terrenal, no existe. Existen las personas buenas o malas, mejores o peores. Y existe el reguero de felicidad y bien, o de destrucción y sufrimiento que dejan unas y otras. Dejan aprendizajes, a veces, a un precio muy caro. Y dejan huellas, marcas, que jamás se llegan a borrar. Os odio, os odio a todos profundamente, a todas esas personas que hacéis las cosas mal siendo conscientes de vuestro propio egoísmo y de la destrucción, traición y maldad que dejáis. Odio con toda mi rabia a vosotros, que no sois capaces de reconocer vuestros errores, que erráis sabiendo que estáis perjudicando a alguien con vuestro puto egoísmo. Sabéis perfectamente que estoy pensando en vosotros mientras escribo estas líneas. No. No pienso seguir justificando vuestro comportamiento por las dificultades que hayáis tenido en vuestra miserable vida. Conozco personas que lo han pasado peor, y tienen un corazón de oro. Más grande que todo vuestro egoísmo y pobreza juntos. Porque sois pobres, pobres de espíritu, y pobres de almas. Os creéis buenos, y ese es vuestro error. Os deseo, desde el fondo de mi corazón, que fracaséis en todo lo que emprendáis. Que sufráis lo mismo que vosotros habéis hecho sufrir. Que os traicionen y engañen lo mismo que vosotros habéis engañado y traicionado. Mis peores deseos para el 2014, escoria del mundo.
lunes, 18 de noviembre de 2013
La princesa destronada
Érase una vez una princesa que lo tenía todo...
En realidad, no tenía las mayores riquezas, no vivía en un palacio lleno de oros, alfombras persas, ni joyas caras.
Vivía en una casa humilde, sencilla pero cómoda, con todo lo necesario para vivir, en medio del bosque, rodeada de las flores más coloridas y bellas, y de los animales más entrañables...
Era feliz. Sólo que no lo sabía...
Tenía su príncipe. Un príncipe que la respetaba, la quería tal como era, la entendía, la apoyaba, la hacía reír, la escuchaba, la acompañaba...era feliz, sólo que no lo sabía.
Si algo malo tenía esta princesa, era que no sabía tomar las decisiones adecuadas en el momento adecuado, siempre quería más, y siempre se daba cuenta de que quizás se había equivocado, cuando ya estaba dentro del error, y ya era tarde para, al menos, cuestionar aquella decisión que un día tomó con demasiada rapidez.
La princesa ya no es princesa, es princesa destronada. Sigue viviendo en el mismo lugar, sólo que, ese príncipe, ya no la acompaña.
Era feliz, sólo que no lo sabía...
Otra princesa acompaña al príncipe, otra princesa disfruta de ese apoyo, de esa compañía, de esas risas, y de todo lo que ella un día tuvo.
Sabe que es ley de vida, como la muerte, y que, al igual que la muerte, el ser destronada también conlleva un duelo.
Era feliz, sólo que no lo sabía.
Ahora lo sabe, pero ahora ya es tarde, como es tarde para pensar qué hubiera ocurrido.
Allí, en aquel bosque, como en Marte, de donde procedo, así como en la Tierra, hay algo en común: para aprender, por suerte o desgracia, hay que equivocarse, porque tanto aquí, como allá, como allí...nadie nace sabiendo.
Era feliz, sólo que no lo sabía.........
En realidad, no tenía las mayores riquezas, no vivía en un palacio lleno de oros, alfombras persas, ni joyas caras.
Vivía en una casa humilde, sencilla pero cómoda, con todo lo necesario para vivir, en medio del bosque, rodeada de las flores más coloridas y bellas, y de los animales más entrañables...
Era feliz. Sólo que no lo sabía...
Tenía su príncipe. Un príncipe que la respetaba, la quería tal como era, la entendía, la apoyaba, la hacía reír, la escuchaba, la acompañaba...era feliz, sólo que no lo sabía.
Si algo malo tenía esta princesa, era que no sabía tomar las decisiones adecuadas en el momento adecuado, siempre quería más, y siempre se daba cuenta de que quizás se había equivocado, cuando ya estaba dentro del error, y ya era tarde para, al menos, cuestionar aquella decisión que un día tomó con demasiada rapidez.
La princesa ya no es princesa, es princesa destronada. Sigue viviendo en el mismo lugar, sólo que, ese príncipe, ya no la acompaña.
Era feliz, sólo que no lo sabía...
Otra princesa acompaña al príncipe, otra princesa disfruta de ese apoyo, de esa compañía, de esas risas, y de todo lo que ella un día tuvo.
Sabe que es ley de vida, como la muerte, y que, al igual que la muerte, el ser destronada también conlleva un duelo.
Era feliz, sólo que no lo sabía.
Ahora lo sabe, pero ahora ya es tarde, como es tarde para pensar qué hubiera ocurrido.
Allí, en aquel bosque, como en Marte, de donde procedo, así como en la Tierra, hay algo en común: para aprender, por suerte o desgracia, hay que equivocarse, porque tanto aquí, como allá, como allí...nadie nace sabiendo.
Era feliz, sólo que no lo sabía.........
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Barcos y destinos
Voy en un barco. Es un día cualquiera, de invierno.
Hace frío, pero el sol consigue mitigar la sensación térmica, alumbra con todo su esplendor, y calienta.
En este barco hay cosas que no funcionan, no veo el destino, no veo la isla a la que se supone que debo llegar, hace poco que partimos, y aún es pronto para divisar tierra.
Como decía, en este barco hay cosas que no funcionan como deberían, como todos los barcos...
Es un barco hecho por el hombre, y el hombre, no es perfecto.
Me siento tranquila, no hay problema de motor, las velas están izadas, el viento es favorable..."aún habiendo algo que no funcione, siempre me quedará el salvavidas, ya no es la primera vez que se me hunde un barco, y sigo aquí, tratando de conquistar el océano, mi propio océano..."
Sumergida casi sin darme cuenta en esos pensamientos, recuerdo otros barcos con los que traté de viajar, los diviso más atrás, imaginarios, fantasmagóricos...algunos lejanos ya, otros aún presentes...
Sigo viendo ese barco maravilloso, ya con otro timonel, pero su capitán sigue guiñándome el ojo, sonriendo para hacerme sonreír...aquel barco maravilloso...tengo la agradable sensación de que ese jamás se hundirá, puede que no lleguemos al mismo destino, pero siento que siempre irá paralelo a mi. "¿qué pasó con aquellos otros barcos? ¿no supe llevar bien el timón? ¿no supe revisar y solucionar todos los problemas? ¿el compañero de viaje me falló? ¿quizás mi brújula no está bien orientada?", me pierdo en esas preguntas mientras con una sonrisa melancólica observo a mi timonel, concentrado en su labor, a veces hasta entregado a ella. O puede que siempre entregado a ella, y que, o no quiera hacérmelo ver, o no me de cuenta.
Esos barcos no están hundidos, realmente, me siguen. Son como barcos fantasmas que me recuerdan que un día estuvieron conmigo, que de ellos aprendí a manejar mejor el siguiente barco, que me enseñaron, que, independientemente de si la travesía fue mejor o peor, de si fue en una tormenta o un mar en calma, estuvieron ahí, viajando conmigo y compartiendo un momento de mi vida.
No, no son barcos hundidos. Ni son barcos de carga. Son barcos...históricos, sí, eso es, barcos históricos...barcos que me ayudaron a escribir una historia, y reescribir otra, y a conocer mejor mi propio mapa.
En algún momento, esos barcos se desviaron del camino marcado, se introdujeron en medio de una tormenta de la que no conseguimos salir juntos, el porqué, casi ya no importa, lo único importante es aprender y entender, que, fuera como fuese, en medio del naufragio, mi mejor salvavidas, fue mi propio corazón, y mi propia alma...
Hace frío, pero el sol consigue mitigar la sensación térmica, alumbra con todo su esplendor, y calienta.
En este barco hay cosas que no funcionan, no veo el destino, no veo la isla a la que se supone que debo llegar, hace poco que partimos, y aún es pronto para divisar tierra.
Como decía, en este barco hay cosas que no funcionan como deberían, como todos los barcos...
Es un barco hecho por el hombre, y el hombre, no es perfecto.
Me siento tranquila, no hay problema de motor, las velas están izadas, el viento es favorable..."aún habiendo algo que no funcione, siempre me quedará el salvavidas, ya no es la primera vez que se me hunde un barco, y sigo aquí, tratando de conquistar el océano, mi propio océano..."
Sumergida casi sin darme cuenta en esos pensamientos, recuerdo otros barcos con los que traté de viajar, los diviso más atrás, imaginarios, fantasmagóricos...algunos lejanos ya, otros aún presentes...
Sigo viendo ese barco maravilloso, ya con otro timonel, pero su capitán sigue guiñándome el ojo, sonriendo para hacerme sonreír...aquel barco maravilloso...tengo la agradable sensación de que ese jamás se hundirá, puede que no lleguemos al mismo destino, pero siento que siempre irá paralelo a mi. "¿qué pasó con aquellos otros barcos? ¿no supe llevar bien el timón? ¿no supe revisar y solucionar todos los problemas? ¿el compañero de viaje me falló? ¿quizás mi brújula no está bien orientada?", me pierdo en esas preguntas mientras con una sonrisa melancólica observo a mi timonel, concentrado en su labor, a veces hasta entregado a ella. O puede que siempre entregado a ella, y que, o no quiera hacérmelo ver, o no me de cuenta.
Esos barcos no están hundidos, realmente, me siguen. Son como barcos fantasmas que me recuerdan que un día estuvieron conmigo, que de ellos aprendí a manejar mejor el siguiente barco, que me enseñaron, que, independientemente de si la travesía fue mejor o peor, de si fue en una tormenta o un mar en calma, estuvieron ahí, viajando conmigo y compartiendo un momento de mi vida.
No, no son barcos hundidos. Ni son barcos de carga. Son barcos...históricos, sí, eso es, barcos históricos...barcos que me ayudaron a escribir una historia, y reescribir otra, y a conocer mejor mi propio mapa.
En algún momento, esos barcos se desviaron del camino marcado, se introdujeron en medio de una tormenta de la que no conseguimos salir juntos, el porqué, casi ya no importa, lo único importante es aprender y entender, que, fuera como fuese, en medio del naufragio, mi mejor salvavidas, fue mi propio corazón, y mi propia alma...
jueves, 18 de julio de 2013
"Esos locos bajitos..."
"Niño, deja ya de joder con la pelota,
niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca..."
http://www.youtube.com/watch?v=ki6GEcteLao
Los niños, esos locos bajitos, esos que dan, a quienes no los tenemos, gracias y momentos divertidos, y, a los que los tienen, dosis de responsabilidad y bendiciones en casi la misma proporción, transformando la responsabilidad que suponen cuando son pequeños en preocupaciones conforme van creciendo.
Los hijos, nuestro legado más auténtico, nuestra semilla en la tierra que algún día habremos de abandonar. Pero hay quién prefiere no dejarla, para bien o para mal. Bien por egoísmo, bien por falta de preparación, bien por prioridades...
Vengo de pasar un par de días con mis sobrinos los más pequeños, y vengo con la desagradable idea de que no estoy preparada para ser madre...a mis 33...aún no he sentido la gran campana de ese reloj que, Dios, la Madre Naturaleza, o quién sea que gobierne en este mundo loco, nos colocó supuestamente a todas las mujeres. Y sigo preguntándome porqué no siento el tic tac de ese reloj.
"A quien Dios no le da hijos, le da sobrinos", dicen. Pero yo quiero mis hijos, es solo que...¿qué voy a hacer cuando me desobedezcan?¿Que voy a hacer cuando no me dejen dormir? ¿Qué voy a hacer cuando tenga que inculcarles ciertos principios? En resumen... ¿COMO LOS VOY A EDUCAR? Pierdo la paciencia con facilidad, soy una persona irascible, y me gusta mucho vivir, ¿cómo podría entonces ser buena madre? No, no siento el instinto maternal. Esa es la fea realidad. Pero...¿no será que esta sociedad ha "impuesto" a la mujer, por el hecho de ser mujer, que TIENE que ser madre? Bueno, eso no fue esta sociedad, fue la misma que decía que la mujer no podía trabajar, ni votar, y que tenía que tenerlo todo hecho cuando llegara el marido, puede que fuera aquella sociedad, y no esta. Entonces...tendré que averiguar si realmente quiero ser madre, o si cuando pienso "quiero tener mis hijos" es por la sociedad, porque "qué mujer no desea tener hijos, solo las mujeres que quieren más a su independencia, y a sí mismas, que a un ser que querría por encima de todo, incluyéndose ella misma...". ¿Realmente se sigue tachando de egoísta a esas mujeres que no quieren ser madres?
Demasiadas reflexiones para no haber salido la luna aún...preocupante. La vida misma me dará la respuestas.
niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca..."
http://www.youtube.com/watch?v=ki6GEcteLao
Los niños, esos locos bajitos, esos que dan, a quienes no los tenemos, gracias y momentos divertidos, y, a los que los tienen, dosis de responsabilidad y bendiciones en casi la misma proporción, transformando la responsabilidad que suponen cuando son pequeños en preocupaciones conforme van creciendo.
Los hijos, nuestro legado más auténtico, nuestra semilla en la tierra que algún día habremos de abandonar. Pero hay quién prefiere no dejarla, para bien o para mal. Bien por egoísmo, bien por falta de preparación, bien por prioridades...
Vengo de pasar un par de días con mis sobrinos los más pequeños, y vengo con la desagradable idea de que no estoy preparada para ser madre...a mis 33...aún no he sentido la gran campana de ese reloj que, Dios, la Madre Naturaleza, o quién sea que gobierne en este mundo loco, nos colocó supuestamente a todas las mujeres. Y sigo preguntándome porqué no siento el tic tac de ese reloj.
"A quien Dios no le da hijos, le da sobrinos", dicen. Pero yo quiero mis hijos, es solo que...¿qué voy a hacer cuando me desobedezcan?¿Que voy a hacer cuando no me dejen dormir? ¿Qué voy a hacer cuando tenga que inculcarles ciertos principios? En resumen... ¿COMO LOS VOY A EDUCAR? Pierdo la paciencia con facilidad, soy una persona irascible, y me gusta mucho vivir, ¿cómo podría entonces ser buena madre? No, no siento el instinto maternal. Esa es la fea realidad. Pero...¿no será que esta sociedad ha "impuesto" a la mujer, por el hecho de ser mujer, que TIENE que ser madre? Bueno, eso no fue esta sociedad, fue la misma que decía que la mujer no podía trabajar, ni votar, y que tenía que tenerlo todo hecho cuando llegara el marido, puede que fuera aquella sociedad, y no esta. Entonces...tendré que averiguar si realmente quiero ser madre, o si cuando pienso "quiero tener mis hijos" es por la sociedad, porque "qué mujer no desea tener hijos, solo las mujeres que quieren más a su independencia, y a sí mismas, que a un ser que querría por encima de todo, incluyéndose ella misma...". ¿Realmente se sigue tachando de egoísta a esas mujeres que no quieren ser madres?
Demasiadas reflexiones para no haber salido la luna aún...preocupante. La vida misma me dará la respuestas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)