martes, 15 de noviembre de 2022

Lo mío contigo

 He pasado a llamarlo así porque sé que no hay un "lo nuestro", hay un "yo" y un "lo mío contigo". 

y lo mío contigo ya no es normal, ni racional, roza, qué digo roza...choca ya con lo absurdo.

Lo mío contigo es antinatural, atípico, utópico...

Lo mío contigo es frustrante, delirante, incomprensible, incongruente...

Lo mío contigo es un ying y un yang, un sí y un no, un querer y no poder...

Un querer olvidarte y aparecerte en sueños. Un no querer que te aparezcas y buscarte una noche mientras me duermo. Un querer no soñarte y desear que me busques por alguna parte. Un querer arrancarte y saber al tiempo que no te saco de donde demonios sea que te me hayas clavado.

Lo mío contigo parece no tener fin, a pesar del tiempo pasado. Lo mío contigo ya es hasta cansado.

Lo mío contigo es un eterno "hasta siempre", porque sé que volveré a encontrarte, aunque sea en mi subconsciente.

Lo mío contigo es unilateral, es un monólogo sin risas, donde nadie escucha, es una constante lucha. 

Lo mío contigo es contar el tiempo, es pedirle al universo. 

Lo mío contigo es intentar aceptar que solo hay un "lo mío contigo". 

 

sábado, 30 de julio de 2022

Durante una mirada...

 Y qué importa si esa mirada es real, o virtual, ¿no? El caso es que me has mirado. No sé porqué, pero me has mirado. Y esa mirada sólo hace alimentar mi fantasía de cuento en el que nos hemos perdonado. Mira Alejandro, sí, se acabaron los misterios, yo no sé qué es de tu vida ahora, créeme que me encantaría saberlo, pero yo, a la vista está, que no te he olvidado, te me apareces en sueños, te me apareces en número, (el 11, ya sabes, ¿lo has olvidado? yo no), y te me apareces en otros ojos ajenos. 

Tengo que reconocerlo, te me has quedado clavado en el corazón, ahí tienes tu parcelita pequeña, que a ratos olvido y se seca, pero que nunca muere, porque siempre hay un recuerdo que la acaba regando. ¿Puedo vivir con ello? SÍ. Casi tengo asumido que nuestros caminos no volverán a cruzarse, como debe ser (de esto aún estoy intentando convencerme, de ahí el casi).

Pero, ¿a quién estoy intentando engañar, si al fin y al cabo aquí estamos solos tú y yo en este momento?. No, no tengo asumido que no nos volvamos a cruzar, de hecho, estoy CASI convencida de que en algún momento de esta vida o la otra, tenemos que volver a encontrarnos, tenemos que volver a hablar, y a sonreírnos. ¿que porqué esa fantasía? Porque me da paz Alejandro, porque me da paz, y felicidad. Aún sabiendo que quizá tú ya no sientes nada, que la parcela que me gané en tu corazón un día la acabaste por arrancar, déjame a mí con mi fantasía. Pero...si la arrancaste... ¿porqué esa mirada entonces? Dime, háblame de alguna forma, déjate de señales con números, de encuentros en ojos ajenos, y háblame tú. Háblame. 

sábado, 18 de junio de 2022

 Está claro que las relaciones personales no son fáciles, ya sean laborales, amistosas, o de pareja...para más inri, no importa cuanto tiempo lleves compartiendo tu vida con tu compañer@, siempre seguirá siendo difícil... Y todo porque nadie nos enseñó cómo ser empáticos, cómo respetar al otro, y cómo crecer nosotros mismos, lo cual es fundamental.

Miro a mi alrededor, y miro dentro de mí, y veo tantas dificultades....y siento impotencia por no poder hacer nada por el otro, no le puedo cambiar para que acepte que para su hijo, él no es ya su prioridad, no puedo hacer nada para que los demás sean comprensivos con él, no puedo hacer nada para poder darle esa poquita de empatía que le falta, y me duele, porque a mí me duele lo que a él le duele, es así. Quisera tener una varita mágica y darle a cada uno lo que necesite, o quitarle lo que le sobra, para poder ser más feliz...aunque no estaría de más empezar por mí misma. 

Quisiera tantas cosas...quisiera quitarle esa responsabilidad excesiva que no le deja dormir, quisiera enseñarle en un día y de golpe que no tiene la obligación de ser fuerte, que puede expresar sus miedos, sus temores, sus preocupaciones, que puede expresar sus sentimientos...sí, los hombres también pueden hacerlo, son PERSONAS, y tienen derecho a todo ello. Maldita la hora en la que les enseñaron que los hombres no debían llorar ni ser sentimentales. Quisiera hacerle comprender que su padre lo hizo lo mejor que pudo y que supo, pero que no por eso tiene que ser una calcamonía exacta de lo que es su padre, que debe estar agradecido por todo lo que le han dado, pero que los hijos, a mi parecer, igual que aspiramos a tener una mejor vida que la que nuestros padres tuvieron, también debemos aprender a ser mejores, en cuanto a inteligencia emocional, algo de lo que la sociedad está muy necesitada, dicho sea de paso.

Por eso me ha dado por idealizar a alguien que ni si quiera sabe que existo, por mucha sensibilidad que desprenda encima de un escenario, por mucha humildad y sencillez que desprenda...no le conozco en su casa, en el día a día, pero he decidido imaginar que es un tío sensible, que expresa sus emociones y sus sentimientos, y ESO, precisamente, es lo que yo anhelo. No anhelo a alguien que ni si quiera conozco, anhelo eso que desprende, anhelo esa sensibilidad y capacidad para expresar las emociones...anhelo.

Claro que conocerse a uno mismo es difícil, es enfrentarte a tus miedos, enfrentarte a aquello que por algún motivo nuestro propio yo desconoce, es enfrentarte a esa parte que rechazas de ti y ni si quiera eres consciente de que lo haces...es difícil y duro, pero también necesario. Y ahí estoy, intentando reunir la valentía para enfrentarme a ese yo que ni si quiera sé que existe...porque de todas las mujeres que habitan en mi, juro que hay algunas qu yo ni conozco...

jueves, 17 de marzo de 2022

 Suelo compararme con ella, no desde la envidia, sino desde la admiración. ni si quiera es desde la admiración, es desde la inferioridad, como me ha pasado toda la vida. Es hora de aceptarlo, que la admiro también es cierto, pero la comparación es desde la inferioridad. es independiente, empática, inteligente, a nivel social y emocional, y yo a veces no sé qué soy. Ha ayudado a una familia ucraniana, y eso me alegra, pero también me hace sentir pequeña, ¿Qué estoy haciendo yo por los demás? Ni si quiera fui capaz de seguir haciendo un voluntariado con personas mayores. No conseguí ser constante, al cabo de un tiempo me cansé, y lo dejé, y ahora no soy capaz de enfrentarme a ello. Cuando me hago la pregunta de qué puedo hacer yo por los demás, se me ocurren muchas cosas, pero luego no soy capaz de iniciarlas, y trato de entender que no todos tenemos las mismas capacidades, que no todos tenemos porqué ser iguales, que no todos tenemos porqué hacer lo mismo, pero me suena a excusa. No entiendo porqué me castigo tanto, porqué siempre pienso que no soy lo suficientemente generosa, o empática. Cuando sé de sobra que ha habido momentos en mi vida que sí he intentado ayudar a alguien o aportar algo bueno o bonito a los demás. Pero aún así, la sigo mirando desde abajo. La sigo viendo más grande, y me sigo viendo pequeña en comparación con ella. Y a pesar de saber que no es cuestión de comparaciones, que tan solo es cuestión de formas de ser, de que cada uno aporta a su manera, que cada uno hace lo que puede en función a su carácter, todo me suena a excusas. Quizá sea momento de dejar de castigarme, y aceptarme. ¿y cómo se hace eso? ¿Cómo aprende uno a aceptarse? Conociéndose primero, supongo, porque no es fácil admitir que uno no es como cree que ha sido toda la vida. Me creía empática, tolerante, y muchas cosas más, y con la edad, con el tiempo, con los años, he descubierto que no soy tan de todo eso como yo creía. Y es duro mirarse por dentro y ver que uno no es tan bueno como se creía. Será cuestión de mirarse por dentro y de ver también lo bueno. De quererse al fin y al cabo. Quiérete.  

domingo, 26 de septiembre de 2021

La soledad

A veces tan deseada y querida, y otras tan rechazada y odiada. 

Lo cierto es que aunque no nos guste, yo pienso que la soledad debería ser una asignatura obligatoria en nuestra vida. Creo sinceramente que sería bastante productivo que todos estuviésemos solos un periodo de tiempo antes de iniciar, ya no una relación, sino una convivencia con el otro. Aprender a conocernos, a estar solos con nosotros mismos, a observarnos y hacer introspección. Que esa asignatura obligatoria fuese acompañada de unas buenas dosis de inteligencia emocional, que nos enseñen a respetar, a querer de una forma sana, que nos enseñase a comunicarnos saludablemente. 

Que nos enseñasen a resolver conflictos desde la comprensión y la empatía, y no desde los gritos y la ira, eso no es sano, ni productivo, provoca cansancio del alma y otras contraindicaciones. 

Porque convivir no es fácil, cada uno tenemos nuestros propios miedos, manías, y más cosas no resueltas que perjudican a la otra mitad. Pero deberíamos ser lo suficientemente inteligentes para mirar con conciencia y objetividad dentro de nosotros, e identificar lo que es nuestro, de lo que es del otro. Aunque en la mayoría de los casos ambas cosas van unidas, lo que nos molesta del otro quiere decir algo de nosotros mismos. 

La rabia y la frustración aparecen cuando vemos que el otro no es capaz de identificar nada, cuando acusa y acusa sin razón ni motivo, y entramos en una encrucijada de conflictos y reproches, de dudas y nervios, de miedos... Y te sientes perdida, sin saber qué hacer ni cómo actuar, sin encontrar una solución que nos favorezca, sin ganas. 

Y es que las relaciones no son fáciles, independientemente de si se trata de relaciones sentimentales, amistosas, o laborales... tratar de comprender al otro y hacer autocrítica, nunca es fácil, y por desgracia en la mayoría de los casos, nos creemos mejores mucho más de lo que realmente somos. 


sábado, 11 de septiembre de 2021

Ideales

Últimamente tienes una manía muy fea de idealizar. 

Vale que nunca te has enfrentado a esta situación, a convivir con la misma persona un día tras otro, a enfrentar vuestras diferencias, a aprender a vivir con el otro, y con sus demonios. 

Vale que lidiar con la rutina y con la monotonía es difícil, pero sé sincera contigo misma y contesta a estas preguntas: ¿acaso crees que con ese que desprende tanta sensibilidad y romanticismo sería diferente? ¿o que con aquél con el que todo era una montaña rusa de emociones, y derroche de pasión hubiese sido distinto?

Deja de imaginar, deja de idealizar, porque esta es la vida real querida, donde la convivencia todo lo transforma, donde el día a día, y descubrir de verdad como es el otro compite con la magia, y no se puede vivir en un estado eterno de enamoramiento gilipollezco y romanticismo al más puro estilo de Pretty Woman, porque nadie va a venir a rescatarte en una limusina blanca con rosas. Aprende a rescatarte solita princesa, y aprende a idealizar esa sonrisa traviesa con la que duermes cada noche. Muévete del sofá de la costumbre en el que te has sentado, y haz algo para evitar esas ensoñaciones que tienes despierta, esos ataques de romanticismo ideales, y ese volver al pasado constante que tienes, porque ni él era el típico  Don Juan, ni tú eres una princesa de cuento. 

Aprende a diferenciar tus conflictos, que los tienes, y a lidiar con ellos. Pero aprende también a diferenciar esos conflictos, del ideal que estás haciendo de lo que pudo ser y no fue, porque de haber sido, la rutina, la monotonía, y la caída de vendas también habrían llegado, hasta con el mismísimo Richard Gere habría llegado, por mucho que quieras pensar que no, y que con aquel de ojos verdes hubiera sido diferente, porque NO lo habría sido, como no lo fue con los barcos que ya se te hundieron. 

Hurga dentro de ti, por más que no te guste, pero hazlo, porque sólo así podrás enriquecer tu vida. Averigua porqué esa necesidad de romanticismo constante, y de idealizar lo que no fue. Y valora lo que tienes, porque si algún día se te va, entonces es cuando lo vas a lamentar. Usa las herramientas que tengas, busca nuevas, invéntalas, pero hazlo. 

domingo, 22 de agosto de 2021

El cuento número 11

 Había una vez un cuento que parecía no tener fin.

Era el cuento número 11. Un cuento de recuerdos y de ilusiones vagas. Cuando ni si quiera deberían de existir esas ilusiones. Un cuento donde ella había decidido que él sentía lo mismo, que las huellas que había marcadas en ellas eran las mismas que había marcadas en él. Ella había decidido, en su propia fantasía, creer que él la recordaba de la misma forma, que había significado algo en su vida, a pesar del aquel final terrorífico.

Había decidido, romántica empedernida como era, que él no la había olvidado, que la había perdonado, y que a pesar de vivir separados, como tenía que ser, él la recordaba con el mismo cariño que ella lo hacía. 

¿y si no era así? ¿y si para él sólo fue lo que necesitaba para recuperar su vida, para curar sus heridas, y nada más? Ella, romántica empedernida como era, no podía creer que eso fuese así, que no significase nada, que ni si quiera la recordase. De nuevo, 10 años después, volvía a necesitar respuestas, aunque sabía que no había forma de conseguirlas. 

Había una vez un cuento donde ella recibía un mensaje privado en su red social, diciéndole que sentía mucho como ocurrió todo, que no había rencor en su corazón si no gratitud y buenos sentimientos.

Había una vez un cuento donde volvían a sentarse de nuevo delante de una taza de café, donde ella volvía a mirar esos ojos verde mar, y donde volvían a reír una última vez.

Había una vez un cuento donde ellos, 10 años después, podían despedirse al fin como no lo hicieron, en paz. 

Pero tan solo era un cuento. Un cuento que parecía no tener fin.

A mis fantasmas

 Intento llevar una vida de paz, calma y tranquilidad...

...y de pronto: un recuerdo, un sueño, alguien que sin yo pedirlo te nombra...

y el corazón se acelera, un vértigo me sube desde el estómago hasta la boca. Y vuelves a aparecer, colándote sin permiso por un resquicio de mi subconsciente. Y de nuevo me desordenas la vida, sacudes los recuerdos, aunque sea por un momento, por un día, la nostalgia y la melancolía se apoderan de mí. En nombre de aquel perdón que nunca llegó, en nombre de ese último café que no tomamos, y de aquella última sonrisa que no nos dedicamos. En nombre de las cosas que quise decir y que se quedaron enterradas en algún lugar remoto de mi ser. O no tan remoto...

Sólo quiero vivir en paz, sólo quiero dejaros atrás, tener la fórmula de otras personas para romper sin más ni más con todo el pasado, y recordarlo sin dolor, sin melancolía, ni nostalgia, ni rabia...o aún mejor, dejaros atrás sin ni si quiera recordaros. 

Sólo quiero que dejéis de colaros en mi vida, quiero vivir el presente, aquí y ahora, centrarme en el futuro, olvidando el pasado. 

Me pregunto si algún día decidiréis desaparecer...


viernes, 6 de agosto de 2021

Despedidas.

Una despedida nunca es fácil. Ya sea una despedida involuntaria o voluntaria, impuesta o elegida, nunca es fácil. Supone decir adiós a alguien. Si las vivencias con ese alguien han sido bonitas, positivas, cargadas de cariño y comprensión...toca realizar un duelo duro. Si ese alguien ha dejado tras de sí un reguero de dolor, lágrimas, traumas y toxicidad, toca alejarse y desintoxicarse, y tampoco eso es fácil. Hay que poner mucha conciencia y voluntad en ello.

Luego están las despedidas ausentes. Es como cuando la persona de la que te despides sube a un tren. Al tren de su propia vida, de su propio camino elegido. Esa persona ya no quiere que la acompañes en el tren de sus momentos, y te quedas allí, en el andén, observando primero cómo se aleja lentamente, ese tren que parte con tu compañero/a y sin ti, va tomando velocidad hasta que dejas de divisarlo. Y sin embargo tú te quedas ahí, diciendo adiós con tu mano a nadie, a nada, porque ya no hay nada, tan sólo el vacío, tan sólo el recuerdo. Te quedas diciendo adiós a un recuerdo.

Están las despedidas en las que una parte no asume que la otra ya se ha ido, e intentas retener algo de esa persona, intentas que al menos se quede en nombre de la amistad, pero esa persona ya no tiene ningún interés. Y llamas, y hablas, y le escuchas, y te vuelve a hacer reír con sus ocurrencias, y te vuelve a contagiar su risa, pero cuelga, y se vuelve a ir. No te engañes, es algo pasajero, es sólo un momento, no es real, es como un espejismo, un oasis en medio del desierto que al final no es. Hasta que llega el bendito día en que sientes que ya no hay más, y sueltas, y te quedas sólo con el bonito recuerdo, y la pena por no haber podido retener a alguien que aportaba tanto. 

Luego están las despedidas engañosas. Aquellas personas de las que crees que te has despedido, pero que siguen viniendo a tu memoria, que siguen apareciendo en tus sueños, y de las que sigues esperando un mensaje limpio, sano, pero que nunca llega. 

Por eso nunca se sabe cuánto puede durar una despedida. Por eso una despedida...nunca es fácil. 

Y por último, están las despedidas que se vuelven reencuentro, y ahí es donde la magia y la ilusión, aparecen de nuevo. 

miércoles, 21 de enero de 2015

Microcuento

Y después de semejante tormenta, se fue a la cama, cerró los ojos, él la rodeó con sus brazos, y ella se durmió con el susurro de su voz diciéndole al oído: "Claro que me importas tonta, y claro que te quiero, exactamente de la misma forma que tú a mi".

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Lo bueno, si breve...

...dos veces bueno.
Por eso hoy seré breve. Sólo quiero dejar constancia, de que voy a independizarme de ti. Voy a ser independiente de ti.
Sí, pudieron separarnos, alguien intentó desclavarnos, y lo consiguió.
Ese alguien fue el tiempo.
Ni yo soy ya tu alma, ni tú eres ya mi suerte. Hasta pronto.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Tan sólo

"Se me antoja tu boca, regalo de una noche..."

Esta noche se me antojó tu presencia. Tu sonrisa, tus ojos a veces traviesos, y porque no decirlo, se me antojó tu boca,  y algún que otro beso tuyo...
No se si será el rocío que me hiela las entendederas, o el frío que me cala los huesos, pero se me antojó un abrazo tuyo.
No se si será este sentimiento de que te pierdo que me acompaña desde hace ya tiempo, pero se me antojó una de esas charlas frente a una copa, aquellas charlas que duraban horas y parecían infinitas. Horas llenas de risas. Se me antojó una noche de aquéllas. Se me antojó hasta compartir la cama, y dormir rodeada por tus brazos.
Menos mal que tan sólo es una noche. Tan sólo una. Tan sólo.




jueves, 6 de noviembre de 2014

El lugar de los buenos corazones

Llegó, y se sentó en una roca.
A los pocos minutos sintió una presencia a su lado, de pie. Miró, y era él. Tenía una sonrisa dibujada en sus labios, limpia de rencores, de dolores, y sin rastro alguno de los zarpazos que un día la vida le dio.
Ella le devolvió la sonrisa, también limpia del dolor que él le causó.
Con un gesto, le indicó que se sentara a su lado.
"¡Hola!"
"Hola"
Luego...silencio. Se quedaron largo rato contemplando ese mar que un día compartieron sus miradas enamoradas, sus corazones en aquel momento sanos.  Al cabo de unos minutos...
Ella: Te he estado buscando mucho tiempo.
El: Lo se, pero buscaste en el lugar equivocado.
Ella: Eso parece. Te buscaba en él, pero no era allí donde estabas, te buscaba en fotos, en contactos relacionados con él, incluso después de mucho tiempo, te seguía buscando en alguien que ni si quiera tiene el mismo aspecto que cuando tú estabas con él. No sabía que existía este lugar, no sabía que estabas aquí, te busqué allí donde te perdí, fue frustrante, tuve que dejar de buscarte por culpa de aquellas heridas, de aquellas sinrazones.
El: También lo se, no vuelvas allí, no estoy allí, no tuve la culpa, él mismo me echó, y quise quedarme aquí, donde un día también nos sentamos juntos, pero tú nunca viniste, a pesar de haberte llamado, me colaba en tus sueños, ¿Cómo no te diste cuenta? ¿Cómo no acudiste a mis llamadas? sabías que teníamos una conversación pendiente.
Ella: No sabía que estabas esperándome aquí. Creí que habías muerto...Creía que era mi subconsciente el que te invitaba a mis sueños sin permiso. Nunca has estado ausente, siempre venías, como tú bien has dicho, en forma de sueño, de pensamiento, de recuerdo... incluso cuando te desvanecías, siempre encontrabas la forma de colarte...
El: ¿Qué hay ahora?
Ella: ¿Ahora? Ahora ya no hay nada, los recuerdos cada vez son más difusos, más lejanos, más borrosos, más espaciados en el tiempo...No es tu culpa, tú solo has sido una víctima más.
El: Lamento que me borres de tu memoria por culpa de él.
Ella: Lo se, pero no puedes estar conmigo por siempre, no puedo creer en algo que ya no existe, él decidió echarte, pero yo se que exististe, intentaste imponerte, pero él era demasiado fuerte, sé que lo intentaste con fuerza, las pocas que te quedaban, porque él cada vez se hacía más grande, no fue culpa tuya, tranquilo.
El: Sí, es cierto, lo intenté, y a veces lo logré, no quiero que borres esos recuerdos, esas pocas veces que logré conquistarle, y en consecuencia, hacerte feliz a ti.
Ella: No te preocupes por eso, sé que exististe, sé que fuiste tú el creador de todos aquellos momentos, y hay cosas que no tengo porqué olvidar. Recuerdo cuando me ayudaste a tomar aquella decisión que ahora se ha convertido en uno de mis mayores y mejores recuerdos, aquello, en gran parte, te lo debo a ti. Eso no se me puede olvidar, ni quiero.
El: Eso me deja más tranquilo. Existí, fui real, solo que no conseguí sobrevivirle a él...
Ella: Era demasiado destructivo para ti.
Después de otro momento de silencio...
El: ¿Cómo estás ahora?
Ella: ¡Bien! Aprendí mucho de todo aquello, y me hice un poquito más fuerte, más consecuente, aquello me hizo tener más claras las cosas, y me hizo un poquito más valiente.
El: ¿Debo alegrarme entonces?
Ella: Ya todo pasó, si estás contento porque sucediera, entonces sí, debes alegrarte.
El: ¿Le guardas rencor? ¿Te queda algún resquicio de dolor?
Ella: No, ya no. Me costó mucho superarlo, pero ya no hay nada, ni rencor, ni odio, nada.
El: ¿y con respecto a mi?
Ella: ¿Tú? Sinceramente...yo ya no se si tú exististe, o eres solo un sueño que yo tuve...pero hay gente que no consigues olvidar jamás, no importa el tiempo que eso dure...Tranquilo, ahora sé que sigues aquí, en un buen lugar, a salvo de aquel que te expulsó del lugar que te pertenecía, a salvo de aquellos recuerdos que le destrozaron. No podías vivir mucho más con él, realmente, no era ese el lugar que te correspondía, tu lugar está aquí, el lugar donde los corazones buenos se refugian cuando intentan destruirlos, cuando los expulsan de un cuerpo casi maldito, ahora sé que estás a salvo. Ahora puedo volver tranquila sabiendo que estás aquí, este sí es tu sitio.
Ella se levantó, no sin antes acariciar su rostro por última vez, y clavar sus ojos oscuros en aquel otro mar verde donde a ella, hace ya mucho tiempo, le gustaba perderse...
El: ¿Ya te vas?
Ella: Sí, tengo que volver. Me esperan, yo conseguí sobrevivir, yo decidí quedarme con ella, jamás la abandoné, por muy destruida que estuviera, tengo que volver con ella, es mi deber, y es lo que quiero, porque la quiero.
El: Aquí estaré, puedes venir a verme siempre que quieras.
Ella: Prometo recordarte a ti, a todo lo bueno, pero debemos seguir adelante. Solo vine porque se lo debía, pero dudo que vaya a regresar. Solo cuando me corresponda, que será cuando deje de latir, y espero que ese momento esté muy muy lejos. Sé que ella no me abandonará. Debo irme, me está esperando.
El: Dile que lo lamento, que yo quería quedarme, que lo intenté con todas mis fuerzas, lo prometo.
Ella: No es necesario que lo prometas, ella lo sabe. Es consciente de todo. No te preocupes, yo te prometo intentar mantener vivo tu recuerdo, aunque sea a ratitos, ahora debo irme. Gracias por recibirme, él allí nunca quiso
El: Sé feliz, es lo que quiero, y lo que él hubiese querido si no me hubiese echado...Sé feliz, y cuídate como hasta ahora lo has hecho.
Ella se levantó, le dedicó una última sonrisa, y se marchó sin mirar hacia atrás...nunca más.

jueves, 29 de mayo de 2014

Para ti. Por ti.

Hoy voy a escribir para ti.
Por ti.
Por la impotencia que siento de no poder hacerte entender, de tener que esperar a que pasen los años y los daños para que sean ellos los que te enseñen, y no quiero, porque me duele lo que te duele.
Es injusto que la vida sea así, que tengas que caerte para volver a levantarte. De ahí mi impotencia. No quiero, y sin embargo, no lo puedo evitar. Qué frustrante resulta...
A veces quisiera que de pronto tuvieras 30 años, para que entendieras ciertas cosas que a tu edad no puedes entender, y que una vez que lo hubieras aprendido, sin dolor, volvieras a tus casi 15, y enmendar tus errores sin necesidad de caerte.
A veces quisiera hacerte entender que una verdadera amistad se forja con el tiempo, en meses e incluso años, no en tres semanas, y que, incluso siendo duradera, en cualquier momento, alguno de los dos puede fallar.
Quisiera hacerte entender que una verdadera amistad entre un hombre y una mujer es casi siempre, imposible.
Quisiera hacerte entender que "los mayores" no pensamos que tu única preocupación sea estudiar.
Quisiera hacerte entender que sabemos que es una edad difícil, en la que tú y tus emociones sois como un mar, a veces en calma, a veces tormentoso, y que, como la marea, a veces subes, a veces bajas. Lo que no sabes, es que yo y los que te rodeamos ahora somos un poco marineros, porque también estuvimos en ese mar, y lo conocemos.
Quisiera hacerte entender que el típico tópico de "yo también tuve 15 años" no es una frase hecha, puede que los tiempos hayan cambiado, pero las emociones y los deseos de esa edad, no.
Quisiera hacerte entender que no es bonito crecer demasiado deprisa, que tienes toda la vida por delante para, por ejemplo, subirte a unos tacones.
Quisiera hacerte entender que si publicas cada emoción en una red social, le das poder a tus enemigos, la información es poder, y le das poder para usarlo todo en tu contra, y hacerte daño. Que si publicas cada emoción en una red social, la gente que de verdad te quiere, te preguntará, porque se preocuparán por ti. Que las consecuencias de publicar a cada momento lo que haces en una red social, son que las personas te pregunten, y que algunas, saquen conclusiones que no son. Si voy a un bar lleno de gente que conozco, y grito "sonrío gracias a él, cuánto le quiero", probablemente todos pensarán que estoy enamorada, aunque no sea cierto, y muchos preguntarán, algunos, los menos, por verdadero interés, otros, por mero entrometimiento. Si alguien te importa, solo ese alguien debe saberlo, no tus 300 y picos seguidores. A este respecto, solo espero que te des cuenta pronto, y que no seas tan torpe como yo, que me di cuenta quizás demasiado tarde.
Quisiera hacerte entender que SÉ que a veces tus emociones son como el torrente de agua que una presa reprime, un torrente de agua conteniendo toda su fuerza y energía,  y que cuando se abren las compuertas, sale desbordado. Si necesitas sacarlos, mi consejo es que lo hagas con alguien de tu confianza, que sepas que no te va a traicionar. Que tu compuerta no sea una pantalla de ordenador, o de móvil, que sea una persona a la que quieres, y que te quiera de verdad.
Me alegro de no desear que entiendas que para labrarse un futuro, es necesario empezar ahora. Por suerte eso ya lo entiendes, y lo haces.
Quisiera hacerte entender que si escribo todo esto, es porque me importas, y porque te quiero con locura, porque veo tus errores, y nada puedo hacer, porque no quiero que nada te duela, ni quiero que te hagan más daño, créeme, es frustrante no poder hacer nada.
Podría haberlo hecho en una red social a la que tuvieras fácil acceso sin tener que enviarte este enlace, pero entonces lo hubieran visto personas que no tienen porqué verlo. Y hubiesen hecho preguntas, y hubiesen hecho conjeturas, y tendrían demasiada información que no les importa.
Sólo escribo esto para ti y para mi. Sobre todo para ti.
Quizás no hayas entendido una mierda de todo esto, algún día lo harás, y es ese "algún día", lo que me mata.
Te quiero. Te quiero más de lo que te imaginas.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Llegó a casa. Cogió el último cigarrillo que le quedaba, y comenzó a escribir...
Acababa de estar  con Gabriel, tomando una copa que le había hecho llegar a casa algo menos sobria de lo normal, y sumirse una vez más en sus propios pensamientos, aunque no necesitaba alcohol para reflexionar, casi lo hacía continuamente, aunque no siempre dejaba constancia escrita de dichas reflexiones.
Llegó a casa con el sabor de boca que aquel gin-tonic le había dejado, y con el fastidio de no poder disfrutar de su presencia, de sus charlas, de sus risas, de la manera que ambos merecían. Siempre que estaba con Gabriel en un lugar público temía si Alfonso se enteraría, si alguien en común los vería.
Y es que Gabriel no era tan solo su ex, era su confesor, su apoyo incondicional, mucho más que un amigo, y él lo sabía. Por alguna extraña razón, ella temía que Gabriel la olvidara, que alguna otra borrara su recuerdo, porque ella, a pesar de no haber existido ese amor necesario para que una relación incipiente continúe, guardaba grandes y muy buenos recuerdos de él.
Había pasado algún que otro hombre más, no muchos a decir verdad, desde que Gabriel y Marta lo dejaron, pero la diferencia entre el pasado de ella y Gabriel, es que, cuando Marta miraba hacia atrás en la playa por la que paseaban sus recuerdos, la huella de Gabriel le hacía sonreír. No era así con los demás.
No estuvieron enamorados. Quizá por eso eran tan buenos amigos, quizá por eso, y porque él siempre había estado ahí, porque él jamás le falló, podían ahora tener esa relación especial que tenían. Así lo sentía ella, y así quería que lo sintiese él, aunque Marta no sabía a ciencia cierta qué era lo que él pensaba...
Como decía el Gran Maestro en una de sus sabias canciones, lo que daba letra a sus sentimientos era ese: "Que nos desclaven si es que pueden, que nos separen, que lo intenten..." Pero temía que no fuese igual para Gabriel. Se sentía unida a él de una manera extraña que no podía explicar ni si quiera en su diario privado.
También sabía que Gabriel leería aquello, puesto que siempre sabía leer en su corazón, bien porque ella desde el principio se desnudó, y a esas alturas, también porque él la conocía demasiado. Pero era la única persona que leería en lo profundo de su corazón, y a ella no le importaba que así fuera.
Sabía que algún día sus caminos se separarían, pero también sabía que cada vez que algún cliente de la misma ciudad de Gabriel se sentara en el bar donde ella trabajaba, acabaría diciendo lo mismo con una sonrisa que llenaba sus labios: "¡yo tuve un novio maño!
Cerró su diario, se puso el pijama, y con la extraña mezcla de sensaciones, se durmió.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Pasarán más de mil años...

...pasarán...y yo seguiré sorprendiéndome de como es el ser "humano". Tengo mil motivos para ello, pero hoy, uno en concreto. Tú.
Tú, que hacías como que te preocupabas de mi solo para conseguir lo que yo había tenido en algún momento.
Tú, que viniste buscando mi apoyo, mi comprensión, mi consuelo.
Yo, que confíe en ti, que creía en ti, que hice cosas por verte sonreír, que no pasaba un día sin que intentara verte mejor, que realmente creía en tu amistad. La culpa fue mía, por abrirme tanto, como ya otras tantas veces he hecho, y parece que nunca aprendo.
Tú, un motivo más para desconfiar de las personas, tú, una víbora, una serpiente que se arrastra silenciosa, fingiendo.
Me engañaste, sí, confíe en ti y me traicionaste. Pero en el fondo, me alegro. Me alegro de que no estés en mi vida, me alegro de que nuestra amistad durara poco. Me alegro de que termine un año sin ti, y empiece el nuevo sin ti. Me alegro sincera y profundamente de que no estés en mi vida. Y sí, deseo que no te vaya bien, que vuelvas a fracasar, mentirosa. A saber con qué malas artes habrás conseguido lo que querías, a ti, que te han tachado de loca. A saber qué cosas le habrás contado.
No entiendo como las personas pueden ser así, cómo no pueden ir por derecho, con la verdad por delante. No entiendo como con las mentiras se consigue lo que uno quiere. Dicen que la mentira tiene las patas muy cortas, y veo día tras día como las malas personas acaban consiguiendo lo que quieren. No soy perfecta, me he equivocado mil veces, y tantas como me he equivocado, he tratado de aprender de mis errores, reconocer mi fallo, y si he hecho daño, pedir perdón.
Dicen los creyentes que el de arriba no se queda con na de nadie. Dicen los ateos que el karma todo lo devuelve. Todavía estoy esperando ver como personas que me han hecho daño, que me han perjudicado, que me han hecho sufrir, que me han engañado, que me han traicionado, personas que me han hecho mal...todavía estoy esperando que el karma les devuelva lo mismito que han dado.
No existe justicia en este mundo, ni divina, ni terrenal, no existe. Existen las personas buenas o malas, mejores o peores. Y existe el reguero de felicidad y bien, o de destrucción y sufrimiento que dejan unas y otras. Dejan aprendizajes, a veces, a un precio muy caro. Y dejan huellas, marcas, que jamás se llegan a borrar. Os odio, os odio a todos profundamente, a todas esas personas que hacéis las cosas mal siendo conscientes de vuestro propio egoísmo y de la destrucción, traición y maldad que dejáis. Odio con toda mi rabia a vosotros, que no sois capaces de reconocer vuestros errores, que erráis sabiendo que estáis perjudicando a alguien con vuestro puto egoísmo. Sabéis perfectamente que estoy pensando en vosotros mientras escribo estas líneas. No. No pienso seguir justificando vuestro comportamiento por las dificultades que hayáis tenido en vuestra miserable vida. Conozco personas que lo han pasado peor, y tienen un corazón de oro. Más grande que todo vuestro egoísmo y pobreza juntos. Porque sois pobres, pobres de espíritu, y pobres de almas. Os creéis buenos, y ese es vuestro error. Os deseo, desde el fondo de mi corazón, que fracaséis en todo lo que emprendáis. Que sufráis lo mismo que vosotros habéis hecho sufrir. Que os traicionen y engañen lo mismo que vosotros habéis engañado y traicionado. Mis peores deseos para el 2014, escoria del mundo.

lunes, 18 de noviembre de 2013

La princesa destronada

Érase una vez una princesa que lo tenía todo...
En realidad, no tenía las mayores riquezas, no vivía en un palacio lleno de oros, alfombras persas, ni joyas caras.
Vivía en una casa humilde, sencilla pero cómoda, con todo lo necesario para vivir, en medio del bosque, rodeada de las flores más coloridas y bellas, y de los animales más entrañables...
Era feliz. Sólo que no lo sabía...
Tenía su príncipe. Un príncipe que la respetaba, la quería tal como era, la entendía, la apoyaba, la hacía reír, la escuchaba, la acompañaba...era feliz, sólo que no lo sabía.
Si algo malo tenía esta princesa, era que no sabía tomar las decisiones adecuadas en el momento adecuado, siempre quería más, y siempre se daba cuenta de que quizás se había equivocado, cuando ya estaba dentro del error, y ya era tarde para, al menos, cuestionar aquella decisión que un día tomó con demasiada rapidez.
La princesa ya no es princesa, es princesa destronada. Sigue viviendo en el mismo lugar, sólo que, ese príncipe, ya no la acompaña.
Era feliz, sólo que no lo sabía...
Otra princesa acompaña al príncipe, otra princesa disfruta de ese apoyo, de esa compañía, de esas risas, y de todo lo que ella un día tuvo.
Sabe que es ley de vida, como la muerte, y que, al igual que la muerte, el ser destronada también conlleva un duelo.
Era feliz, sólo que no lo sabía.
Ahora lo sabe, pero ahora ya es tarde, como es tarde para pensar qué hubiera ocurrido.
Allí, en aquel bosque, como en Marte, de donde procedo, así como en la Tierra, hay algo en común: para aprender, por suerte o desgracia, hay que equivocarse, porque tanto aquí, como allá, como allí...nadie nace sabiendo.
Era feliz, sólo que no lo sabía.........

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Barcos y destinos

Voy en un barco. Es un día cualquiera, de invierno.
Hace frío, pero el sol consigue mitigar la sensación térmica, alumbra con todo su esplendor, y calienta.
En este barco hay cosas que no funcionan, no veo el destino, no veo la isla a la que se supone que debo llegar, hace poco que partimos, y aún es pronto para divisar tierra.
Como decía, en este barco hay cosas que no funcionan como deberían, como todos los barcos...
Es un barco hecho por el hombre, y el hombre, no es perfecto.
Me siento tranquila, no hay problema de motor, las velas están izadas, el viento es favorable..."aún habiendo algo que no funcione, siempre me quedará el salvavidas, ya no es la primera vez que se me hunde un barco, y sigo aquí, tratando de conquistar el océano, mi propio océano..."
Sumergida casi sin darme cuenta en esos pensamientos, recuerdo otros barcos con los que traté de viajar, los diviso más atrás, imaginarios, fantasmagóricos...algunos lejanos ya, otros aún presentes...
Sigo viendo ese barco maravilloso, ya con otro timonel, pero su capitán sigue guiñándome el ojo, sonriendo para hacerme sonreír...aquel barco maravilloso...tengo la agradable sensación de que ese jamás se hundirá, puede que no lleguemos al mismo destino, pero siento que siempre irá paralelo a mi. "¿qué pasó con aquellos otros barcos? ¿no supe llevar bien el timón? ¿no supe revisar y solucionar todos los problemas? ¿el compañero de viaje me falló? ¿quizás mi brújula no está bien orientada?", me pierdo en esas preguntas mientras con una sonrisa melancólica observo a mi timonel, concentrado en su labor, a veces hasta entregado a ella. O puede que siempre entregado a ella, y que, o no quiera hacérmelo ver, o no me de cuenta.
Esos barcos no están hundidos, realmente, me siguen. Son como barcos fantasmas que me recuerdan que un día estuvieron conmigo, que de ellos aprendí a manejar mejor el siguiente barco, que me enseñaron, que, independientemente de si la travesía fue mejor o peor, de si fue en una tormenta o un mar en calma, estuvieron ahí, viajando conmigo y compartiendo un momento de mi vida.
No, no son barcos hundidos. Ni son barcos de carga. Son barcos...históricos, sí, eso es, barcos históricos...barcos que me ayudaron a escribir una historia, y reescribir otra, y a conocer mejor mi propio mapa.
En algún momento, esos barcos se desviaron del camino marcado, se introdujeron en medio de una tormenta  de la que no conseguimos salir juntos, el porqué, casi ya no importa, lo único importante es aprender y entender, que, fuera como fuese, en medio del naufragio, mi mejor salvavidas, fue mi propio corazón, y mi propia alma...

jueves, 18 de julio de 2013

"Esos locos bajitos..."

"Niño, deja ya de joder con la pelota,
niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca..."
http://www.youtube.com/watch?v=ki6GEcteLao

Los niños, esos locos bajitos, esos que dan, a quienes no los tenemos, gracias y momentos divertidos, y, a los que los tienen, dosis de responsabilidad y bendiciones en casi la misma proporción, transformando la responsabilidad que suponen cuando son pequeños en preocupaciones conforme van creciendo.
Los hijos, nuestro legado más auténtico, nuestra semilla en la tierra que algún día habremos de abandonar. Pero hay quién prefiere no dejarla, para bien o para mal. Bien por egoísmo, bien por falta de preparación, bien por prioridades...
Vengo de pasar un par de días con mis sobrinos los más pequeños, y vengo con la desagradable idea de que no estoy preparada para ser madre...a mis 33...aún no he sentido la gran campana de ese reloj que, Dios, la Madre Naturaleza, o quién sea que gobierne en este mundo loco, nos colocó supuestamente a todas las mujeres. Y sigo preguntándome porqué no siento el tic tac de ese reloj.
"A quien Dios no le da hijos, le da sobrinos", dicen. Pero yo quiero mis hijos, es solo que...¿qué voy a hacer cuando me desobedezcan?¿Que voy a hacer cuando no me dejen dormir? ¿Qué voy a hacer cuando tenga que inculcarles ciertos principios? En resumen... ¿COMO LOS VOY A EDUCAR? Pierdo la paciencia con facilidad, soy una persona irascible, y me gusta mucho vivir, ¿cómo podría entonces ser buena madre? No, no siento el instinto maternal. Esa es la fea realidad. Pero...¿no será que esta sociedad ha "impuesto" a la mujer, por el hecho de ser mujer, que TIENE que ser madre? Bueno, eso no fue esta sociedad, fue la misma que decía que la mujer no podía trabajar, ni votar, y que tenía que tenerlo todo hecho cuando llegara el marido, puede que fuera aquella sociedad, y no esta. Entonces...tendré que averiguar si realmente quiero ser madre, o si cuando pienso "quiero tener mis hijos" es por la sociedad, porque "qué mujer no desea tener hijos, solo las mujeres que quieren más a su independencia, y a sí mismas, que a un ser que querría por encima de todo, incluyéndose ella misma...". ¿Realmente se sigue tachando de egoísta a esas mujeres que no quieren ser madres?
Demasiadas reflexiones para no haber salido la luna aún...preocupante. La vida misma me dará la respuestas.

jueves, 4 de julio de 2013

AS

Te escribo desde mi cuarto, el único rinconcito de intimidad de que dispongo en esta casa. Te escribo mientras escucho tu música, tu magia. Se que no leerás jamás estas palabras, pero no te escribo para que lo leas, te escribo para poder sacar de dentro lo que siento. No te conozco, sólo tengo tu música, y unas pocas entrevistas. Sinceramente, no me hace falta, ¡aunque estaría muy bien conocerte!
Hay quien no entiende mi pasión por ti, por tus letras. No me importa que no lo entiendan. Tú mismo lo decías en una de tus canciones, "no entiendo que la gente alucine, a mi desnuda me gustas más".
Supe de tu existencia cuando tenía unos 11 años, más o menos, no fue hasta los 14-15 cuando empecé a seguirte. Y desde entonces, siempre me has acompañado. Siempre has tenido una canción para mi, y por supuesto la sigues teniendo, cada disco es un recuerdo, en cada amor, en cada desamor, tú has estado presente con tu música, sólo tu música sabe lo que he sentido, lo que he vivido, lo que he pensado, lo que he llorado, lo que he reído...solo tu música lo sabe.
Me he sentido identificada siempre con muchas de tus letras, has escrito verdades como puños: "mi delito es la torpeza de ignorar que hay quién no tiene corazón". De hecho, sigo pensando que la banda sonora de mi vida sigue siendo "A la primera persona". Tu música es reflejo de ti, supe cuando sacaste ese disco tan extraño "El tren de los momentos", que no estabas pasando por tu mejor momento, porque no solo eres Alejandro Sanz, eres Alejandro Sánchez Pizarro.
Cada historia de amor tiene una letra, podría cantarle una canción a todas aquellas personas importantes que han dejado una huella en mi corazón, o una fea cicatriz...
Supongo que estarás muy acostumbrado a que te digan este tipo de cosas, tampoco me importa, ya sabemos que no hay dos personas iguales, y como yo, no hay nadie, porque todos somos únicos, con lo cual, mis palabras también lo son. No me importa si el resto de millones de fans que tienes en el mundo sienten como yo, mi sentimiento es único y especial, como yo.
¡No voy a negar que me resultas guapo! Pero ya pasó aquella época en que te comería a besos, bueno no, te comería a besos, pero a besos de tu más mejor amiga. Esa que por más lejos que estés siempre será tu más mejor amiga, esa que es totalmente anónima, esa que va a tus conciertos y después te da un abrazo fuerte en el camerino, y te deja a solas con los que en esos momentos te corresponde estar.
Esa si me gustaría ser. Esa que te llama para contarte sus preocupaciones, sus pensamientos, sus reflexiones, y para la que siempre tienes algún momentito. Esa a la que le dedicaste aquella canción, "Amiga mía".
Me haces sentir tantas cosas, que no tienen cabida ni si quiera aquí. Tu música, tu magia. Puedo cantarla contigo a voces en el coche, en el baño mientras me arreglo, ya sabes "ducha y secador, maquillaje, ropa y pensamientos". O puedo escucharla como a ti te gusta, "despasito", o puedo usarla de inspiración para devolvértela en inspiración con forma de estas letras. Puedo moldearla, porque puedo usarla para que me haga bailar y cantarla a gritos, o puedo usarla para llorar, y desahogarme.
¿te das cuenta? Te hago testigo de mis emociones, ¡¡y tú ni si quiera sabes que existo!! Pero espero que mis palabras lleguen a ti de alguna forma, mi petición, que no es otra que sigas componiendo, que sigas haciendo conciertos, que sigas viniendo a Sevilla, o a donde sea, si ya te vi en Zaragoza, iré donde haga falta para verte, desde el año 96 no falto a una cita contigo. Y sí, espero que estas palabras y que esa petición te llegue en forma de algún latido más fuerte, de una brisa repentina, de un suspiro inesperado...te mando un abrazo chillao. Gracias por tanta y tanta compañía, gracias por ser el que está ahí siempre. Gracias por ser mi más fiel testigo. Gracias por estos 20 años. Los amigos, los amores, van y vienen, pero tú, siempre permanecerás, incluso cuando no estés, porque tu música ya te ha hecho eterno.